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En ocasión de celebrarse el mes de la patria, es oportuno invitar a la
población dominicana a que juntos reflexionemos sobre el significado de
una alimentación saludable, tomando como inspiración la bandera
nacional. Es común que la gente hable de la “bandera dominicana” para
referirse al platillo hecho de arroz, habichuela y carne. Sin embargo,
es mucho más que esto.
En las últimas décadas, ha aumentado dramáticamente el expendio y
consumo de comidas rápidas, alimentos dietéticos, productos enlatados y
un sinfín de alimentos chatarra, que son el pan nuestro de cada día.
Todo lo anterior conforma nuestra herencia de la civilización y del
desarrollo tecnológico e industrial y es el resultado de la integración
de nuestro país a la “aldea global.”
Hemos cambiado las nutritivas frutas tropicales por los jugos
industrializados, sin fibras, cargados de azúcar y preservativos
químicos, aumentando así la prevalencia de obesidad, diabetes mellitus,
caries dental y descalcificaciones óseas. Cada día, consumimos menos
alimentos naturales integrales y más productos industrializados y
refinados. Hemos olvidado el consumo de cereales con leche, tales como
la avena, la maicena, la harina, el arroz, y hasta el riquísimo
majarete.
Todos los países tienen guías alimentarias para educar a la población sobre un patrón de alimentación saludable. Así, existen pirámides, semáforos, ollas y hasta pilones de la alimentación. Los dominicanos podríamos utilizar la bandera de la alimentación, enarbolada como símbolo de patriotismo, prefiriendo el consumo de los alimentos y platillos autóctonos, que sean nutritivos y saludables.
NUESTRA REALIDAD ALIMENTARIA
En las últimas décadas, ha aumentado dramáticamente el expendio y consumo de comidas rápidas, alimentos dietéticos, productos enlatados y un sinfín de alimentos chatarra, que son el pan nuestro de cada día. Todo lo anterior conforma nuestra herencia de la civilización y del desarrollo tecnológico e industrial y es el resultado de la integración de nuestro país a la “aldea global.”
Hemos cambiado las nutritivas frutas tropicales por los jugos industrializados, sin fibras, cargados de azúcar y preservativos químicos, aumentando así la prevalencia de obesidad, diabetes mellitus, caries dental y descalcificaciones óseas. Cada día, consumimos menos alimentos naturales integrales y más productos industrializados y refinados. Hemos olvidado el consumo de cereales con leche, tales como la avena, la maicena, la harina, el arroz, y hasta el riquísimo majarete.
La leche ha sido cambiada por bebidas gaseosas, las cuales, por su elevado contenido de fósforo y azúcar, favorecen la aparición de caries dental y sobrepeso, respectivamente. La merienda escolar de nuestros hijos está formada por papitas y platanitos fritos, chicharroncitos, pizzitas, hojuelitas de maíz, yaniqueques, quipes, empanadas, galletitas dulces, jugos industrializados o sintéticos, gaseosas, etc.
Y lo peor del caso es que, tanto padres como maestros, son cómplices de esta barbarie. ¡Estamos acortando la vida de nuestros pequeñitos, cavando sus tumbas prematuramente! Ya es tiempo de legislar a favor de una alimentación adecuada y un estilo de vida saludable para nuestros niños, y mañana la patria tendrá ciudadanos brillantes, fuertes, sanos y longevos.
Por otra parte, la “macdonalizacion” se ha convertido en la moda de nuestros niños y jóvenes: hamburguesas y gaseosas sin limite; papitas fritas gigantes, cargadas de grasas saturadas y ácidos grasos trans, los cuales aumentan el riesgo cardiovascular; hot dogs, pizzas, y un sinnúmero de comidas rápidas. Pero, qué decir de nuestros “chimis”, pica pollos, mofongos, frituras, chicharrones, pasteles en hoja, embutidos... una lista interminable de comidas rápidas que van deteriorando lentamente nuestra salud. No negamos que estos alimentos sean nutritivos y agradables al paladar. Pero no todo lo que brilla es oro. Debemos alimentarnos BIEN Y ADECUADAMENTE. Estos alimentos, aunque son nutritivos, NO SON SALUDABLES, pues favorecen la aparición de enfermedades crónicas como obesidad, diabetes mellitus, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cánceres.
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